El lagarto clueco.

La normalidad nos define como seres rutinarios que ejecutan siempre las mismas pautas y acciones en un momento y lugar determinado.

Es así. Somos animales de costumbres, desde la cuna, y esas costumbres están para hacernos sentir, de alguna manera, seguros y, para sabernos a salvo de los cambios ya que la resiliencia, como tal, nos viene a veces demasiado grande.

Porque con la rutina sabemos que todo lo que nos rodea se mantiene bajo nuestro control, manejamos las situaciones porque ya sabemos el camino que tomarán, sabemos qué contestar, qué opinar porque el hilo no se ha roto, sigue pendiente de nuestra psique. Sigue con nosotros.

Tememos perder el control.

Porque si perdemos el control ya no somos parte de nada. Todo queda en manos de la inesperada improvisación. Ya no hay vuelta atrás.

Imaginarnos cerca de la locura nos deja perdidos en el caos, es la perdición, lo malo que puede salir fuera de nosotros y que, además, aún no sabemos que existe.

Porque no nos conocemos lo suficiente para dejar la mano en el fuego, no sabemos hasta dónde podríamos llegar. Y sólo vislumbrar esa posibilidad quedamos a merced de la piedad, del ruego, de no dar un paso en falso, porque da miedo. Nos da miedo.

Nadie llega a conocerte tan bien para lograr llegar a esa profundidad tan oscura.

Porque no lo sabemos. Porque no lo entendemos.

Lola Quintana en El lagarto clueco nos deja a la intemperie esa incertidumbre de la enajenación, ese lugar turbio y dudoso de la cordura pensando en la dicotomía de hacer o no hacer, en el límite de esa acción siniestra.

Lola Quintana juega con las palabras porque son ellas mismas las que desencadenan el acto temido. Sólo hace falta la acción. Te arrojas al sentimiento maléfico y hallas la oscuridad latente, sin control, sin gestión. Sin arrepentimiento.

El lagarto clueco es una de esas novelas en la que el paisaje lanzaroteño nos descubre esas zonas áridas y desérticas. Inaccesibles. Esa zona volcánica del Timanfaya, de Fuerteventura, que nos traslada esa soledad y la intención de pérdida de la que tanto se nutren los personajes. Esa compañía sin serlo, esa verdad tan oscura.

El lenguaje dialectal, la vida de las arraigadas costumbres, las apariencias, la mentira de lo consciente. La temeridad. Este compendio es una parte importante de lo que encontraremos en sus líneas, sumido todo en una acción vertiginosa, de esas que te dejan pensar, de las que dejan huella.

¿Hacemos el viaje?

Manual para mujeres de la limpieza.

La vida. La complejidad.

Realidades que se van superponiendo a la obviedad que abarcan las horas, los días, lugares iguales, familia, la infancia.

E imaginamos vidas distintas como esos sueños inalcanzables, irrealizables. Nos dejamos llevar para sentirnos dignos de otras realidades paralelas.

La cara oculta que no proyectamos.

Y de esa manera dejamos paso a la nueva historia que va creciendo al cerrar nuestros ojos, al pensarnos en distintos lugares, eligiendo la otra cara de la moneda, aferrándonos a aquella oportunidad que se nos escapó como arena entre las manos.

Ese temible e incierto: «¿Y si…?«.

Porque la vida golpea y lo hace a destiempo, y nos deja con ese suspiro a medias, esa tranquilidad desalentadora que nos encuentra cabizbajos, lamentándonos de nuestra propia existencia por ese amalgama de futuro incierto, por el pasado etéreo que nos precede.

Por la inexistencia del presente.

Y Lucía Berlín en Manual para mujeres de la limpieza retrata esa realidad sin filtros y sin esos créditos de películas hollywoodienses con finales increíbles.

No.

Lucía Berlín nos muestra esa realidad americana de los 50 desde los ojos de una maestra de escuela, de una mujer de la limpieza, vista por los presos de un penal, por la rutina incansable de una lavandería. La familia rota. La honestidad baldía . La barbarie. La muerte.

Todos los relatos de Manual para mujeres de la limpieza son piezas únicas en los que los personajes son trasunto de la vida de la autora. Su yo literario y su complejo mundo se gestan en sus líneas con temas recurrentes que marcan la narración, como la desigualdad, la decrepitud, drogas, amor, muerte.

Una protagonista: la barbarie, ofreciéndonos esa literatura de frontera, esa narración cálida y violenta, familiar y solitarias, desalentadora, árida, moribunda, decrépita, nauseabunda.

Sin duda, una estructura narrativa espectacular que nos deja el regusto de esa primera lectura pero que, si volvemos sobre sus páginas, seguiremos obteniendo nuevos matices que nos harán entender un mismo relato de distinta manera. Eso es la genialidad.

El guardián de las flores.

¿Cuánto cuesta una vida?

¿Cuál es el precio que pagarías por olvidar?

Dinero. Ese bien maldito y tangible que nos deja sumidos en la más absoluta felicidad (cuando se tiene) o, por el contrario, nos hunde en la total desesperación.

Porque el dinero mueve el mundo. Es el engranaje perfecto para que todo fluya, para que todos sonrían. Siempre en pos del que más tiene. Cuanto más, mejor. Más y mejor. Pero, si vamos más allá, el dinero no puede comprar la vida, no puede sobornar a la muerte. Nunca, aunque tengas, todo seguirá su curso. Sin influencias malsanas, sin sobornos, sin nada.

Y sigues viviendo. Tú.

En El guardián de las flores, Rober H. L. Cagiao nos presenta la ironía con la que la vida, a veces, intenta hacer justicia, proponiendo situaciones en las que, por más que pagues, por más que el derroche haga su aparición, será la moralidad la que abra la puerta a ese juez popular. La vida, la razón.

Remordimientos entremezclados con puras leyendas antiquísimas galegas paseando por entre su frondosa naturaleza y respirando el aire puro y limpio que permite que toda esa perversión oculta salga a la luz para, de una vez por todas, ser destruida.

Misterios, leyendas. Ingenio, creencias. Muertes, resurrección. Todo esto y más lo encontramos entre las páginas de El guardián de las flores, fácil lectura, lenguaje enérgico e inteligente que nos deja con esa sensación de qué pasará en el siguiente capítulo.

¿Te atreves a adentrarte en sus leyendas?

Pata negra.

Con la colaboración de Taco, el gato.

Y el ansia de saber va devorándote por dentro. Todo lo que creías estable se vuelve, por defecto, inaccesible.

Porque no lo sabes. Porque no lo entiendes. ¿Por qué? Porque nadie te ha contado qué sucedió.

Por ello, todo va girando alrededor de la sensación de frío, de extrañeza, que va recorriendo tu cuerpo desde abajo a arriba, sin confiar, sin llegar a la comprensión lógica de los acontecimientos que llegarán. Para quedarse.

No se irán.

En la novela de Eduard Freundlinger, Pata Negra, su autor nos hace partícipes de la agonía de una familia por recabar información del paradero de Carmen, la desaparecida hermana de Joana quien, con su aparente fuerza de voluntad irá, paso a paso, intentando desentrañar la espesa niebla que se cierne en torno a ella y su familia. De la mano de Kilian, alemán que conocerá en situaciones adversas, mostrarán, hábilmente, la fuerza para sacar a relucir todo un malévolo engranaje.

Libro adornado con parajes granadinos, costumbres andaluzas y personajes variopintos que no te dejará indiferente.

Novela perfecta para llevar. Y tú, ¿quieres Pata Negra?

Todos quieren a Daisy Jones

Música. Expresión artística de las emociones. Esencia vital del enriquecimiento de nuestra alma.

Expresión. Arte. Emoción.

Al cantar, al dar vida a un instrumento. hacemos tangible la música, es decir, nos transportamos a otro plano de la existencia, aquel en el que impera el descaro para transmitir lo que sentimos sin tapujos, sin vergüenzas. Y se nos erizan los vellos de la piel cuando ese acorde alcanza el éxtasis, cuando esa nota nos desgarra por dentro.

La música hace posible la unidad entre todas las personas. La posibilidad de sentir, de ver, de oír un sentimiento.

Porque hay una necesidad creciente de expresar, de hacer posibles esos pensamientos que van tomando forma de esa manera rítmica, acompasada por las letras entremezcladas y nos abren la puerta a aquel recuerdo, a tocar ese anhelo.

Creamos el ambiente que queda suspendido entre las cuerdas de la guitarra, el micrófono ante los labios de la cantante y sabes que suena y sueñas con la posibilidad de cambiar algo del mundo. Y lo consigues en ese instante que cierras los ojos y te dejas llevar por esa sensación que queda. Y disfrutas. Y te das cuenta que estás a su merced.

Y ya no importa todo lo demás.

En Todos quieren a Daisy Jones, Taylor Jenkins Reid nos deja entrar en entre bambalinas para ser partícipes de la creación de una banda de rock en los años 60 / 70, de sus éxitos y sus fracasos, de la deconstrucción de una persona hasta el más oscuro abismo para, después, resurgir entre notas, canciones y familia.

En el libro se hace presente la necesidad de expresar el sentimiento cancerígeno que nos va consumiendo hasta que, por necesidad, lo expulsamos y quedamos vacíos, con la clara convicción de que, a partir de ahí, comenzará la subida hacia algo mejor, hacia la posibilidad de la resurrección del ser.

Daisy Jones, trasunto de las musas de los años 60, 70, es el reflejo de esa decadencia personal, sin control, un mundo sin reglas en la que la única forma de sobrevivir es intentando respirar una vez más.

Sin duda, una genialidad escrita en formato entrevista que te deja la duda de la veracidad de sus páginas. Y quedas pensando en la necesidad de que sea real. La necesidad de escuchar su música al leer sus letras. Quieres que lo sea.

¿Lo es? Descúbrelo.

El mapa de los afectos.

Las relaciones.

Todas las relaciones nos marcan. Dejan una huella, una muesca en nuestra alma para moldearla y seguir construyendo la línea de nuestra experiencia, aquella que hace tangible la existencia.

Porque sí. Vamos conociendo a muchas personas y no sólo lo hacemos por casualidad. Hay un motivo. A veces, es, porque necesitamos que nos enseñe aquello que no sabemos, ese don que nos hace únicos y que ofrecemos a los que están a nuestro alrededor para hacer el bien, para que nos hagan bien.

Serenidad, coraje, valentía, insensatez (por qué no), cordialidad, mentira, … Todo nos aporta algo en cada momento y todo es válido para añadir algo sólido a nuestro saco de experiencias.

Y sí, claro que sirve.

Porque, a veces, ni nosotros mismos somos capaces de ver el alcance que puede hacer la interacción con el otro. En la mayoría de las personas queda la energía que hemos regalado, la esencia que damos, que recibimos, haciendo esa marca real, que hará intocable el recuerdo que dejemos, que nos dejen.

En El mapa de los afectos, Ana Merino refleja, claramente, las interacciones entre las personas, el intercambio de energía social, afectiva, que no deja indiferente a nadie ya que, desde que se da esa interacción, aunque pasen meses, años, hasta que se manifieste, esa vida ya no será la misma.

La casualidad que hace visible la causalidad en las cosas, en la forma de decisión de los personajes. La forma de ser alguien en el camino.

El mapa de los afectos, además de ser el premio Nadal 2020, es un libro que te hace pensar que todo sirve, que todo llega para convertirse en algo, nos arrebata esa sonrisa de sorpresa al ver cómo se entreveran las vidas, cómo se suceden los acontecimientos provocados por un mero pensamiento, una acción sin importancia. Y ahí está. Las bifurcaciones quedan al descubierto.

Libro sencillo, muy fácil de leer que te atrapa porque es la realidad, porque percibes toda la fuerza de las representaciones sociales entre unos y otros. La magia de las relaciones.

Las personas.

Por eso escribo, por eso sigo leyendo porque, ¿Quién dice que no puedo cambiar el mundo con estas líneas?

Vestido de novia.

Y seguimos haciendo nuestras vidas.

Vivimos rodeados de personas que, cada día, interactúan con nosotros de la forma más imperceptible. Sigilosos, pero presentes.

Y salimos. Salimos con amigos, a la compra, vamos casualmente al cine, tiramos la basura y lo hacemos con la certeza de que todo está bajo nuestro control. Inquebrantable. Sin miedos.

Pero las sombras acechan. Y nos aguardan en cada esquina, sin hacer ruido, sin dejar rastro.

Y se agarran. Se agarran a ti para mezclarse contigo haciendo lo que tú haces, sintiendo lo que tú sientes como esos puntos fuertes que te definen y, a la misma vez, teniendo muy en cuenta lo que te hace débil para retorcerlo en cuanto haya una oportunidad.

Y se quedan sin que te des cuenta de nada. Encima de ti. Parásitos.

Pierre Lemaitre nos narra una historia en Vestido de novia, la historia de Sophie que transcurre en el París contemporáneo. Una vida feliz, completa hasta que se da de bruces con sus sombras interrumpiendo así, todo lo que consigue. Todo lo que ha de pagar.

No podría desarrollar más esta trama debido a que la novela, desde principio a fin es inquietante, fascinante. El desarrollo de la acción recuerda a un tren de alta velocidad ya que, cuando empieza ya no es posible parar hasta terminar el trayecto.

Quedé fascinada con el desarrollo de la acción, giros constantes que dan lugar a expresiones ojipláticas que son trasunto de un punto y aparte, de esa sorpresa que no deja a nadie indiferente. Brillantez de ejecuciones en los movimientos de la trama, descripciones tan esmeradas que dejan ver cara a cara a ese personaje en acción.

Es una forma de escribir que deja huella.

¿Te atreves a caer en su tela?

Patria.

Cuando hablamos de patria lo hacemos desde la dualidad del significado, desde la división que dejaron los años de la guerra y que, lamentablemente, seguimos imponiendo a pesar de que la patria es sólo una palabra que nos designan como cuidadanos de un país.


Y cuando leemos Patria de Aramburo nos damos cuenta que las divisiones siguen apareciendo en más territorios, que ya no es la guerra la que las genera sino los propios rencores de querer pertenecer o no a una patria.


Porque hay gente que muere por su patria. Porque hay gente que mata por su patria.


Y no sabemos cuál de ellos provoca más miedo, si el que muere o si el que mata ya que, ambos destruyen. Destruyen familias, desprecian amistades, sentimientos y creencias. Destruyen la humanidad.


Porque Fernando Aramburu nos deja reunirnos con dos familias vascas, la del Txato, la de Miren, que ven enfrentados sus pareceres por la necesidad de querer ser o de querer no ser uno más. Porque la lucha de ideales se convierte en terrorismo cuando ya no sabes dónde están esas ideas que te hicieron luchar. Cuando ya no preguntas el por qué. Cuando ya no sabes para qué.


La novela nos deja al descubierto la conversión de la rebeldía inocente en la barbarie sin control. Ese algo en lo que siempre has creído por convicción, por devoción, por que no hay más remedio si quieres pertenecer a la parte vencedora porque los muertos ya han perdido, al igual que sus familias. Pero cuando pasa el tiempo y pasas a contemplar la vida que has dedicado a la causa que creías merecedora de tanto sacrificio, ahora ya no lo es tanto… Ahora ya no lo es tanto.


La realidad que encontramos en las páginas de este libro es la que escribe la historia, la de una parte de nuestra patria.


Patria.

La ciudad de los ciervos.

Gaelia en colaboración con Marce Ferrera.

En cierta ocasión, el famosísimo Albert Einstein se atrevió a decir que no creía que Dios jugara a los dados con el mundo. Pero en el mundo llamado Literatura, el escritor es ese Dios omnipotente y omnipresente que crea universos que se pliegan ante él, y al que constantemente arroja esos dados, dejándolo a su suerte y que corra asustado por los senderos de un destino incierto.

Y llegamos a este libro de mitología, que es en realidad todos los libros de fantasía, en donde ese Dios que juega con unos dados sobre su mundo soñado y que le da nombre y movimiento, lo premia con una lluvia cálida y reconfortante o lo castiga con una terrible nevada que todo lo asola. El origen, la destrucción, el orden, el caos, el génesis, el apocalipsis, el principio y ¿el fin? No lo sabemos. Solo su autor, el argentino Maximiliano Acevedo, lo sabe en esta primera parte de su obra, La Ciudad de los Ciervos, que es parte inicial de su saga La muerte de los Astros.

En La Ciudad de los Ciervos, Agnus, un hombre cansado de vagar por tierras baldías, decide otorgar a la tierra que pisa, un nombre, una identidad, la vida entera. Convirtiéndose así en dios de todo lo que acaba de crear, Padre de la extraordinaria Ciudadela Azul. Pero en toda luz originada, siempre hay una fisura de sombras, y ese mundo poco a poco irá cediendo a las ruinas.

Adéntrate en el laberinto de flores y cuervos vigías en la gran Ciudadela, de artistas quemados por el fuego blanco, de traidores desgraciados que usurpan la vida, de princesas y reinas enfermas de libertad y aromas frescos…

Yo ya estoy dentro.

Encerrados.

Venganza.

La venganza deja al descubierto la imagen más oscura de cada uno. Nos alienta a seguir adelante pero con los deseos miserables y ruin, sin espacio para el perdón, la piedad, la serenidad.

Cuando una situación nos viene dada con ese sabor amargo por alguien que no esperábamos, la decepción que experimentamos, ese ridículo atroz que nos va haciendo más y más pequeños, queda perfectamente dibujado y legitimado por esos deseos de hacerlo pagar. Venganza.

La venganza nos corroe, nos va consumiendo con ese deseo permanente de seguir haciendo daño. La venganza se cuece a fuego lento.

¿Hasta qué punto puede llegar una persona por venganza?

En Encerrados, Megan Goldin nos muestra el abismo que hay entre una vida, diríamos, normal y la eficiente y atemporal de un financiero, un bróker de Wall Street ya que, los primeros trabajan para poder vivir una vida modesta, sin necesidades pero sin llegar al lujo sin complejos, los segundos viven para trabajar, para pagar una vida que sin dicho trabajo, sin ese estatus social nada sería posible.

No hay relaciones entre ellos sólo el precio de compra de cualquier cosa.

Porque en ese mundo todo se puede comprar. Todo excepto una vida, una oportunidad de redención.

A medida que nos vamos adentrando entre las páginas de Encerrados nos envuelve una sensación de claustrofobia, de oscuridad, de olores insanos. La codicia se abre paso y la maldad queda a tu alrededor. Son descripciones tan reales que debemos detenernos para tomar aire y ver que todo sigue igual pero tú sigues queriendo más. Más párrafos, líneas, renglones, palabras que nos sigan engatusando y haciéndonos ver que todo es posible en el mundo de Megan Goldin.

Thriller que atrapa desde el principio con un impactante flash back en el que necesitas saber qué ocurre con Sam, Sylvie, Vincent, Jules y con la irrepetible Sara Hall.

¿Te atreves a meterte dentro?