Alex.

Foto: Gaelia Smith.

¿Existe una manera objetiva de enfrentarse a los acontecimientos?

¿Existe una opinión única que nos muestre lo que debemos hacer en cada situación?

Entendemos nuestras vivencias como un cúmulo de acontecimientos que se van sucediendo en distintos momentos de la vida. Decidimos y actuamos en consecuencia, según los resultados que vamos obteniendo.

Es difícil aconsejar.

No tendríamos que alentar a la otra persona a tomar nuestra misma decisión en algún dilema que se nos antoje familiar ya que, cada momento, cada instante desencadena una reacción distinta a ojos de cada uno. Una consecuencia nos supone puntos de vistas totalmente diferentes a la hora de enfrentarnos a la realidad.

Es cuestión de ensayo y error. Es cuestión personal.

Es cuestión de funcionalidades, de practicidad.

Cada uno reconduce su vida conforme a la huella que van dejando esos acontecimientos. Ni mejor ni peor.

No debería conllevar valoración alguna. Sólo se basa en la personalidad. En la fortaleza. En ser uno mismo.

Por ello encontramos tantas diferencias entre nosotros, tantos desencuentros en cuestiones de vida. Porque todos creemos que lo que nos ha hecho fuerte, al otro también lo hará. Pero es un error.

En Alex, de Pierre Lemaitre, nos encontramos con esta afirmación de una manera rotunda ya que, son esas consecuencias, esa manera de enfrentarse a las cosas lo que lleva a la protagonista a tomar decisiones que marcarán su existencia de una manera catastrófica.

A medida que vamos adentrándonos en la lectura de sus páginas, Alex muestra la dicotomía que hay entre el bien y el mal, entre ser víctima o verdugo, entre la vida y la muerte. Lectura ágil, te atrapa desde los primeros renglones dejándonos una sensación que tornará a extrañeza hasta que, por fin, obtengamos nuestra propia conclusión.

Sin duda, recomendable. ¿Me das tu opinión?